Redondo, redondo... ¿de verdad puede inspirar tanto un círculo? ¡Pues claro! La esencia misma de vivir como ser humano es no saber donde está lo verdaderamente estimulante, hasta que se descubre. Y yo no hace mucho descubrí dos círculos dentro de otra forma geométrica más irregular pero igualmente simétrica. O no, pero a mí me lo parecía, si simetría es sinónimo de perfección. O de imperfección, pues es en las cosas imperfectas donde a menudo se encuentra la verdadera riqueza.
Caminar por los bordes de este círculo es mojarse los pies en aguas cristalinas, frías y de un color azul precioso, pero no el azul de un lápiz o un rotulador, sino un color menos puro, pues el océano con sus mareas viene y va salpicando el celeste Carioca de días profanos. Caminando hacia el centro nos encontramos con una red de líneas color miel, que va endulzando la senda hacia el epicentro del círculo, difuminándose en su caminar y haciéndose cada vez más oscura. El epicentro es epicentro porque a mí me gusta llamarlo así, ya que ocasiona algún que otro seísmo. Es negro como la noche y con un minúsculo punto de luz, si bien por minúsculo que parezca a veces es capaz de alumbrar más que el propio fuego. Celeste o azul agua como a mí me gusta pensarlo, color miel y negro. Tres colores que configuran una acuarela imposible de obviar, y tan divertida de experimentar... si tenemos el pincel adecuado, claro.
Formas azarosas dentro de un círculo peligroso, dañino y altivo; pero dulce, aniñado y capaz de encandilarte como la fuerza de la marea que ahora observo, como la dulzura de la miel, como la magia de la noche.
"No me mires con esos ojos, no te aguanto la mirada"
