Cualquier vehículo o peatón que pasara hoy por la desviación que se toma en la autovía de Málaga para acceder a la Avenida de las Ciencias de Sevilla, podría haber visto una escena pintoresca y singular donde las haya. Unos policías habían acordonado la zona, todo aparecía lleno de luces y un conductor se lamentaba al lado de su coche por haber tenido una colisión. ¿El motivo? Dos niños en un carro conducido por un burro.
Normalmente no me atrevería a interpretar un accidente a mi libre albedrío, pero en esta ocasión parecía que estaba bastante claro que la velocidad a la que iba el coche hizo que su dueño tuviera que esquivar rápidamente al asno y sus pasajeros, maniobrar forzadamente y perder finalmente el control. El dueño se lamentaba y se llevaba las manos a la cabeza, seguramente pensando en el seguro, el dinero que se va a gastar en arreglar desperfectos, la bronca de su señora y muchas cosas más. Pero, ¿y los otros protagonistas?
Los dos jóvenes parecían tranquilos, ni siquiera se habían bajado de sus humildes asientos. Simplemente esperaban a que los agentes les dejaran marcharse, para llegar a su destino silbando por el camino, como si de dos niños cantarines de la televisión de la España del Caudillo se tratara. El jumento, claro está, no había sufrido daño alguno, y movía las orejas mirándonos a todos pasar.
Y mientras perdía en la distancia de mi espejo retrovisor a Marisol, Joselito y su burro, me imaginé lo que el dócil asno estaría pensando si los de su especie pudieran pensar. Y es que a veces acogerse a la vida sencilla es la más acertada de las ideas.
qué suBrealista todo
ResponderEliminarlo primero que se me ha venido a la cabeza al leer el título ha sido pedro jaja...
Créeme, a mí también
ResponderEliminarMe encantan todas las entradas, enserio =)
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