Amar es el sentimiento más puro que puede sentir un humano, y cuando hablo de amor no me refiero a enamoramiento, pues este es dañino y celoso, y consigue con frecuencia que una persona quede totalmente destruida.Pero cuando el amor es tan sincero como el que se le tiene a un padre o a un hermano es capaz de lograr cosas maravillosas. Parecerá tonto o demasiado sentimental, pero hoy me ha conmovido hasta llegar a convertirse en mi momento favorito del día el cariño que ha demostrado un niño pequeño por su mascota.
Siempre he sentido una debilidad especial por los animales, motivo por el cual no pude resistirme a ir en busca de una hembra de Yorkshire cuando me contaron que la habían visto caminando sola por la calle, sin collar ni dueño. Me vestí muy deprisa, bajé las escaleras y salí a la calle, donde no cesaba de llover. La busqué y al fin la encontré en una caja de fruta ya vacía, moviendo alegremente su cola mientras husmeaba y mirada en todas direcciones. Me acerqué y me agaché, la acaricié suavemente y me respondió dando vueltas sobre sí misma y brincando con el regocijo de quien encuentra un compañero con quien jugar. No pude resistirme, la tomé entre mis brazos y, avisando al dueño de la caja de fruta, simpático tendero de aquellos típicos de la tienda de barrio donde se encuentra casi todo, la llevé a mi casa, donde le proporcioné un cuenco con agua y algo de comer.
Unos minutos después sonó mi timbre y una voz se reconoció como el dueño de la perrita. Pero nunca imaginé que cuando abriera la puerta iba a ver a un niño de unos cinco años, con el pelo alborotado y mojado por la lluvia, las mejillas mojadas por las lágrimas y los brazos extendidos, con un gesto de felicidad como pocos he visto en mi vida. Le di a su mascota y él la recibió con un abrazo, para luego darse la vuelta y alejarse pegado a ella, danzando y hablándole con la ingenuidad con la que todos los que tenemos mascota dialogamos con ella. Yo emocionada, no podía dejar de mirar la escena, mientras un padre agradecido pronunciaba unas palabras que me han impulsado a escribir hoy, porque no quiero que se borren nunca de mi memoria:
"No sé qué podría hacer por ti... mi hijo no puede vivir sin ella, llevan toda la vida juntos. Ella fue un regalo que le hicimos el día en que él nació."
Mientras subía las escaleras de regreso a mi hogar, donde otro perrito, esta vez de mi propiedad, aguardaba mi compañía, me sentí orgullosa de haber podido vivir un momento tan sincero. Porque a veces, por muy duros que seamos los unos con los otros, siempre hay alguien que nos hace reconciliarnos con la raza humana.
Si.. ese alguien siempre es un animal :)
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